Mostrando entradas con la etiqueta Relatos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos.. Mostrar todas las entradas

sábado, 20 de noviembre de 2010

Dicen.


Dicen que derrocho mucho, que no sé apreciar lo que me rodea, que utilizo a la gente, que me muevo con malas influencias. Dicen que la cerveza me pierde, que la noche es mi "mala amiga", que mi mirada seduce y nunca quiero llegar a nada.

Dicen tantas cosas que me duele la cabeza, y ahora, con resaca mañanera y un duro día por delante de odio y mal entendidos, me justifico: todo lo hago por llamar tu atención.


martes, 16 de noviembre de 2010

Envidia cochina.


"Nada, es que estábamos bailando y tal y me miraba fijamente y vio que contoneaba mis caderas y... nada, que se acercó y pffff, se pegó más de lo que debía y fue un descontrol. Es que no lo pude controlar, me ponía." - dijo entusiasmada.

"Pues yo me he comido el helado de vainilla con nueces de macadamia más rico del mundo."


(zas!)

martes, 9 de noviembre de 2010

Miedo.


Ahora mismo soy feliz. Tengo un trabajo que me gusta, una mujer que me cuida, unos amigos que no están siempre, pero sé que puedo contar con ellos, tengo suerte, dinero, viajo, siento que soy atractivo y estoy repleto de cariño.

Pero no estoy seguro y no lo entendía hasta que contemplé aquella tormenta de verano. Detrás de todo buen momento, hay una caída, y siento pánico observando como se acerca.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El alba.


La vida se puede resumir en cinco minutos.


Mis cinco minutos son esos que pierdo observando como poco a poco te despiertas. Cómo te mueves un poco entre mis brazos, me rodeas y aprietas más mi cintura, pero lo justo como para dejarme respirar, algo que controlas tras muchas (y largas) noches. Después sueltas un fuerte suspiro y escondes tu cabeza pegándote más. Estiras las piernas, tus dedos se mueven, parpadeas para ti mismo hasta que abres poco a poco los ojos y ves que ya hay luz, que es hora de despertarte o por lo menos de un nuevo día. Normalmente sonríes vagamente y buscas un rincón de mi cuerpo para acurrucarte y aprovechar el calor en estos días fríos de invierno. Y a pesar de que gruñas, sé que estás sonriendo, sé que tu corazón está sonriendo.


La vida se puede resumir en cinco minutos, bueno, y en cinco segundos: renacer.

miércoles, 27 de octubre de 2010

No sé.


Ahora mismo no soy capaz de expresar, de contar cada una de las cosas que me ocurren el día a día, ni tan siquiera las miradas fugaces, los suéter de rayas, ni el molesto ruido de tus talones arrastrando la parte trasera de tus zapatillas. No soy capaz de decir lo que se queda aquí dentro, en mi pecho moldeado de gimnasio. Ni tan siquiera podría describir esa necesidad de hablar o de callar para siempre. No soy capaz de mirarme los pies desnudos antes de entrar a la ducha ni rozar con mis manos mi cara para saber si estoy sonriendo o llorando cuando mi estado etílico me hace perder la sensación de los labios. Tampoco soy capaz de marcar la batería con mis dedos ni de sonreír como un niño pequeño cuando escucho esa canción de The Strokes que sabes que podría hacerme correr por las calles mojadas de Madrid. Aun menos soy capaz de hablar cuando debo hablar, de llamar cuando debo llamar y de pensar cuando debo pensar. Siento que hago todo al revés y que unas cuerdas tiran de mis hombros para que ande estirado de en vez encogido, que es como mi estado de humor quiere ir. Siento la eternidad, el amor, el odio, la pasión, la necesidad de besar, de rozar cuerpos cálidos ajenos, la amistad, el abrazo eterno de dos amigos tristes que se miman mutuamente. Ahora mismo sólo siento, pero no sé qué siento.




Deja de jugar conmigo Dios, no soy una maldita enciclopedia de sentimientos.

jueves, 21 de octubre de 2010

Saltar.

Caminaba fuerte, sin perder el ritmo y haciendo que el suelo temblara. Caminaba contoneando sus caderas, balanceando su melena ondulada con su pequeña cabeza. Movía más el brazo izquierdo que el derecho, ya que de su mano colgaba otra mano, el de una chica pequeña, de ojos verdes que pegaba saltos para poder seguir el ritmo.

La niña asustada: "¿dónde vamos?".
"A la madurez, queda poco".
"Pero yo soy una niña aún".
"Eso es lo que tú te crees".

De repente, la joven soltó la mano de la pequeña y comenzó a correr. La niña observaba atónita como corría, como de repente, saltaba desde el fondo de aquella calle y desaparecía.

Años más tarde, la pequeña, alta y con esos ojos verdes (que no azules) curiosos, revivió aquella escena. Corrió por la misma calle, saltó en el mismo sitio. Desapareció.

El punto común: habían cumplido 21 años.
Welcome to the jungle te dirían los Guns N'Roses.

domingo, 17 de octubre de 2010

Andar.

El sol era eterno, tan eterno que mi cuerpo no proyectaba sombra sobre la árida arena. Ni tan siquiera los solitarios olivos de aquella dehesa andaluza eran capaces de oscurecer la tierra.

Noté como mis piernas caían en el aire. Sentí que caía por un acantilado, pero tan sólo fue un metro.

Sí, he vuelto a caer, lo sé, pero después de resoplar volví a levantarme y a estirar la cabeza para ver ese sol eterno.

"Decimoquinta vez que me caigo" calculé con los dedos.

Habrá una próxima vez... y volveré a levantarme.
Llevo tatuado en mi piel la meta: no perder el norte.

martes, 12 de octubre de 2010

Noche.

Si los bailes de cada noche en aquella sala que nos recuerda a los astros fuera la solución del problema, volvería de nuevo, dando tumbos por las estrechas calles mientras espero a que llegues con mi chaqueta de cuero. Luego bebería de tu boca para cubrir este depósito de besos vacíos que se agota con la llegada del lunes. Te abrazaría, olería tu nuca y tu ropa antes de que el humo de los cigarros cambie tu fragancia que posteriormente intento sonsacar mientras hacemos el amor en mi cama.


Si fueran la solución, lo repetiría.
Pero conozco la solución, y básicamente consiste en quedarme calladita con mis sueños.

lunes, 4 de octubre de 2010

Miradas

Mirada, otra mirada.
Mirada levanta mirada y la levantada se esconde desviándose hacia la ventana.


La mirada escondida vuelve a mirar para ver si aquella mirada que le intriga mantiene la fiereza bajo aquel verde esmeralda. Y sí, lo mantiende, pero por miedo se vuelve a esconder.

La fiera mirada busca aquella mirada tímida que ya varias veces a descubierto espiándola.

La mirada cálida le atrae, pero finge no notarla cuando la analiza.

Quedan tres paradas y la mirada tímida tiene miedo por perder a la fiera mirada al mismo tiempo que la fiera mirada no quiere irse, quiere probar la mirada tímida.

Es la parada. Las dos miradas coinciden, bajan el escalón juntas. Aguardan, se analizan mientras llueve.

Las miradas cortan la conexión, ya que cada una, se aleja encogida en diferente dirección

sábado, 2 de octubre de 2010

Lucinda Manchego.


Hablaban de ella como si una extraña fuera. Como si de sus tirabuzones salieran serpientes, de sus caderas ondas sonoras que atraían a los hombres. Como si la reercanación de femme-fatale fuera.


Hablaban de ella bajo una luna llena, bajo estrellas que sólo prometían observar las malicias de aquella mujer, de sus ojos desgarradores y su pequeña boca de color carmín.


Hablaban de ella como si el compañero del demonio, como si le hubiera robado las flechas al ángel del amor, que con cada paso de sus largas piernas lanzara una que robaba el corazón y el que cielo se teñía de colores rojizos cada vez que respiraba.


Existían leyendas de que partía corazones porque de pequeña su padre se lo partió, porque de pequeña un hombre le robó el corazón y desde eso, sus ojos se habían aclarado hasta de un azul casi blanco.




Ella era Lucinda Manchego.

Su profesión: rompecorazones.

Ella quería ser amazona.

martes, 28 de septiembre de 2010

Relato VI (2)


Continuación de relato VI.


Asalto 4: Voy, me sonríes, me dices cosas bonitas, me invitas, me miras, me insinuas, me chinchas, me pongo tensa, sigues, me echo a llorar, me voy.


Asalto 5: Voy, me odias, me ignoras, discutimos, lloro, me miras, te preocupas, me abrazas, viene, me voy.


Asalto 6: Voy, me pierdo, me odio, me entristezco, me miras, me abrazas, me dejas rozar tus manos, me dejas oir tu corazón, nos levantamos, me dejas de mirar, me pierdo, me voy.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Norte.

Carretera, asfalto y calor.
Cielo claro, nubes lejanas, amarillo trigo.
Hombre, mochila y música en español.

El hombre atraviesa el pueblo y sigue andando. Sigue y sigue andando, hacia el ocaso, siempre en la misma dirección, tomando carreteras, caminos, senderos o cruzando si era necesario el mismo campo. Noches de acampada ante el cielo oscuro y estrellado, pero siempre en la misma dirección.

Un día, una chica que le da agua. "¿Hacia dónde se dirige señor?"
Él, sonríe. "Hacia el norte joven."
"Perdone, pero el norte no es para allí. Es en ese dirección."
"Oh, gracias. Llevo años buscando el norte, y ya sé la causa de no encontrarlo."




Cosas que tengo que hacer antes de morir:
1. Encontrar el norte.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Odio.


Llegó, furiosa, con los ojos vidriosos y los puños temblando. Pisaba tan fuerte el suelo que sus pasos hacían surcos de los cuales se podía apreciar polvo en suspensión.

Levantó la mano. Apuntó mi frente con su largo dedo índice y su uña multicolor. Agachó la cabeza, respiró -aunque en ese momento consideré que era un suspiro- y al fin pude ver sus ojos: rabia teñida de ese verde vivo de sus iris.

Movió su boca haciendo rechinar los dientes, se mordió el labio y suavemente dijo: "Eres un puto cabrón."

Bajó la mano, se dio la vuelta y empezó a andar a paso rápido, pero de repente se paró. Giró la cabeza y como si de una escena de una película se tratara, sentenció el momento:
"Te quiero, y por eso no quiero que me vuelvas a hablar."





Demando paz.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Relato VIII.


Se despierta sobresaltado. Otra vez esa pesadilla. No quiere admitir su dolor, no lo dirá nunca. Él es fuerte, es apuesto, es joven, puede con el mundo y lo hará.
Un rayo cae cerca, ilumina la habitación.


Eva se despierta de golpe. El estruendo de aquel rayo agita sus ventanas. Asustada, se asoma debajo de la cama, levanta un trozo de parqué. Ahí está todo: la pulsera de cuero y plata y la fotografía en blanco y negro. Cierra su escondite, coge su móvil, un mechero y se apoya en el trozo de pared que da con un lateral de su gran cama. Enciende y apaga. Mira el teléfono. Enciende, marca el número de teléfono y corta de golpe.


El teléfono vibra. Suena aquella melodía de los Dire Straits. Es Eva, duda, cierra el teléfono y mira por la ventana. Llueve con fuerza. No sabe qué hacer.


Eva se tumba, cierra los ojos, el teléfono vibra. Es él. Sonríe.
Se siente como una noche de confidencias, unidos de madrugada por un mismo sentimiento.

jueves, 26 de agosto de 2010

Relato VII. - Guerra -


1954 es el año en el que me enamoré.


Recuerdo esas tardes de enero, frías, con mi abrigo negro de botones y tú, con ese pelo que parecía estar bien colocado -aunque tu decías que era así-. En invierno vi esa mirada tuya, color marrón, eterna, cálida, pasional. En primavera, sí, florecimos, conocimos a nuestros amigos, conocimos nuestras vidas. Nuestras manos, entrelazadas en la oscuridad confesaban amor eterno. En verano el calor invadió nuestras mejillas, nuestro calor. Enfados, broncas, lenguas afiladas. Nuestros amigos eran un grupo, no soportaban dicha situación. Dos bandos, olía a guerra. Otoño, mis lágrimas por perderte tiñieron mis cabellos rubios de negro, mi vientre, antes blando, se había hundido, mis brazos eran huesos y mis piernas palos. Invierno otra vez, no lo soportaba, no podía ver más. Mis amigos me habían traicionado, mi familia desaparecido, y tú, insistías en que no querías hacer daño, pero a escondidas, lo seguías haciendo.


No me queda otra... luchar.
Bienvenido a la Tercera Guerra Mundial.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Relato VI.



Asalto 1: Vienes, me desbaratas, me cambias, me reordenas, me vuelves a desabaratar, me reordeno, me vuelvo mejor, me vuelvo peor, me odio, me odias, me rindo.


Asalto 2: Vienes, me amas, me quieres, me aceptas, me aprecias, me quieres, me amas, me quieres, me odias, me apartas, me odias, me rindo.


Asalto 3: Vienes, me sonríes, me abrazas, me acaricias, me miras, me aprecias, me vuelves a desabaratar, me pides perdón, me sonríes, me asusto, me da miedo, me odio, me rindo.






No sé cómo ocurre, pero siempre acabo odiada y rindiéndome.

viernes, 20 de agosto de 2010

Relato V.


Kings Of Leon, noche. Confusiones de amaneceres tardíos, de noches cálidas, y tú. Paciente, fiel a tu naturaleza. Yo, tensa, triste, con la vista en lo alto, recordando.

Kings Of Leon, guitarra. Tú, más paciente. Yo, musical, melancólica, eterna.

Tú, lo siento y gracias.

Tú, yo, compartamos recuerdos, sonrisas y chispas alegres.



Tú.








PD: Mientes mal.

viernes, 6 de agosto de 2010

Relato IV



He decido que te llames Will, como el amor de mis amores eternos a los catorce años y que tengas un apellido de artista afrancesado. He decidido que tengas el pelo de color castaño, para pensar que rozo algo terrenal. He decidido que la barba de varios días asome en tus mejillas, para que te asemejes a una estrella de rock'n roll y cuando te pongas tu guitarra roja no pueda evitar suspirar y sacarte fotos. He decidido que tus labios sean carnosos, para pellizcarlos con mis dientes cuando te beso, provocarte y que me beses con más pasión. He decidido que tus ojos de color canela se tornen al verme saltar mientras escucho música con mis cascos amarillos. También te gustarán las camisetas de rayas, que éstas sean tu segunda piel y que escondas tus sonrisas en un eterno abrazo. He decidido que las Ray-Ban de aviador camuflen tus ojos y hagas chistes sobre miradas que pueden llegar a seducir... ¡ah! y que te encante bailar, y que siempre intentes sacarme a echar un baile y hacer piruetas como si una princesa del baile fuera a pesar de mi torpeza...





Entonces... ¿para cuándo estará el pedido?

domingo, 1 de agosto de 2010

Relato III.


Me he despertado. He sentido calor, un ronroneo, una leve respiración que se escondía en mis sábanas usadas, un vacío, una sonrisa alegre, una caricia, besos, muchos besos...

Me he despertado. He sentido que soy libre, que puedo dar pasos sin precisar de alguien.

Soy yo, y el mundo. Y sonrío, y no puedo evitarlo, tengo ganas de bailar, de saltar.



Te amo, vida.

martes, 20 de julio de 2010

Relato II.

Como todas las veces que ocurrió, me acompañaste bajo aquel puente, me besaste murmurando que era navidad y que nos encontrábamos bajo muérdago. Después, tatareabas aquella canción de John Mayer que sabías tocar con la guitarra, e incluso, en los días tristes, me hacías el moonwalker con esas Vans verdes y negras.

Desde que todo terminó, me dan miedo los puentes, odio la navidad y aborrezco el muérdago. No puedo oir a John Mayer porque me da asco a pesar de que ame sus melodías por dentro, no soporto las Vans, ni el color verde y ver a gente bailando el moonwalker supone que salga corriendo en dirección contraria.